Iconografía bonaerense
Alfarería prehispánica
Dra.
María Amanda Caggiano (*)
Prof.
Víctor Hugo Garay (**)
Maestro
artesano Carlos Moreyra (***)
(*) CONICET - Instituto Municipal de Investigaciones
Antropológicas de Chivilcoy;
Profesora Titular Ordinaria, Facultad de Ciencias Naturales y Museo
(UNLP)
(**) Profesor Adjunto Interino, Facultad de Bellas Artes (UNLP)
(***) Director de la Asociación Hombre-Barro-Fuego, La Plata
(Abrir
otra ventana con la guía de figuras)
1.- El ingreso del hombre al continente americano
El ingreso de Homo sapiens sapiens al continente americano
se produjo por primera vez en plena época pleistocénica,
caracterizada ésta por avances glaciares o englaciamientos
regionales que trajeron aparejados un fenómeno de descenso
del nivel del mar y gran acumulación de agua sobre el continente
conformando grandes casquetes glaciares.
Esta probado que en el último de esos períodos glaciares
y con una antigüedad algo superior a los 20.000 años,
el mar de Bering descendió más de 100 metros. A consecuencia
de ello las líneas costeras se vieron desplazadas, quedando
expuestas al aire una extensa superficie de plataforma continental.
El hecho de quedar libre de agua la actual plataforma submarina
permitió, en lo sucesivo, no sólo el paso del hombre
caminando desde el noroeste asiático hasta Alaska sino que,
además, posibilitó el traspaso de fauna entre ambas
masas continentales.
Aprovechando esta circunstancia el hombre, en sucesivas oleadas
de poblamiento desde el extremo noreste asiático, invadió
un nuevo territorio que, sin otra especie que le ofreciera competencia
se difundió hacia el sur alcanzando la región patagónica
por lo menos hace unos 12.000 años. Para ese entonces el
mar ya había ascendido y el paso del hombre desde Asia hacia
América se había cerrado por Beringia, lo que no evitó
que se originaran con posterioridad contactos transoceánicos,
tanto sea por el Pacífico como por el Atlántico.
Aquellas primeras bandas de cazadores recolectores, cuya mayor
parte presentaban rasgos premongoloides como la dolicocefalía,
no poseían como bien cultural la alfarería. Sí
eran expertos artesanos de instrumentos líticos de variada
morfología e incluso las lascas que se desprendían
de los núcleos eran utilizadas sin mediar retoques como cuchillos.
Los agrupamientos humanos, dado el número de individuos
y la organización social, conformaban bandas que estaban
ligadas a los recursos que disponía el medio en que se desenvolvían,
permitiendo así diferentes adaptaciones al entorno natural.
Las manifestaciones culturales originadas ofrecen una rica variedad
a lo largo del continente americano y con claras diferenciaciones
temporales. La variación en la configuración del paisaje
a lo largo de varios milenios, los cambios operados en la flora
y fauna, condicionaron la disponibilidad de recursos y la localización
de los sitios donde establecer los campamentos permanentes o transitorios.
De tal manera que los indígenas estuvieron sometidos en el
escenario americano a variaciones ecológicas, entrecruzamientos
poblacionales o en algunos casos debido a regiones de difícil
acceso al aislamiento.
En el ámbito bonaerense las primeras ocupaciones humanas
están asociadas a fauna pleistocénica en franco proceso
de extinción. Los principales representantes de megafauna
(megaterios, glyptodontes, toxodontes, etc) que se consumían
como un recurso ocasional, aparecen asociados a restos humanos en
asentamientos generalmente a cielo abierto, tales como los localizados
en los enterratorios múltiples de Arroyo Seco. Los sitios
que presentan una cronología que oscila entre los 10.000
y 11.200 A.P., se hallaron en el área de Tandilia y ofrecen
entre sus componentes la presencia de puntas de proyectil de la
variedad "cola de pescado".
Las primeras poblaciones humanas que penetraron en el ámbito
pampeano compartían una economía apropiadora y los
campamentos a cielo abierto o al resguardo de algunos abrigos rocosos,
presentan indicios de su temprana presencia. Restos de material
aún dispersos en los talleres utilizados para dar forma a
los instrumentos de piedra, inhumación de cadáveres
o pinturas rupestres conservadas en aleros, están ubicados
preferentemente cercanos a los arroyos o lagunas. El sustrato humano
está caracterizado por un componente entre cuyas características
morfológicas se destacan ciertos rasgos, tales como la talla
alta-mediana y cráneos elevados con caras alargadas.
Extinguida la megafauna representada mayoritariamente por los grandes
herbívoros, incluyendo Hippidion y Equus (caballos americanos),
el hombre se debió contentar con obtener su ingesta proteica
a través de la restante fauna que sobrevivió.
Las actividades se orientaron en este paisaje abierto hacia la
caza del guanaco, ciervo y ñandú y a la recolección
de algunas especies vegetales.Este tipo de actividad preferentemente
cazadora en la llanura pampeana, que era practicada por bandas pedestres,
implicó tras la caza del guanaco una reorganización
social. La especialización en la captura del guanaco significó
un nomadismo restringido del grupo en relación a la migración
estacional de este auquénido.
2.- La alfarería en América
En cuanto al origen de la producción de la alfarería
en el continente americano, hay investigadores que postulan que
obedeció a contactos transpacíficos, tal el caso de
los hallazgos de Valdivia ubicados sobre los manglares de Ecuador,
datados en los 3.200 a.C.; su decoración ofrece una estrecha
vinculación a la cultura Jomón de Japón. Otros
en cambio consideran que se debió a la invención de
determinados pueblos desde donde se difundió. Dentro de esta
segunda variable hay una marcada diferencia entre aquellas procedentes
de la región andina de las elaboradas en las tierras bajas,
adscribiéndose la referente al ámbito bonaerense a
esta segunda posibilidad.
Entre los sitios más antiguos de ocupación humana
con presencia de componentes alfareros, donde se destaca la decoración
incisa aunque puede aparecer pintura roja precocción o restos
de pintura blanca, roja o amarillo dentro de las incisiones y excisiones
aplicadas luego de haberse cocinado la vasija, cabe destacarse a
San Jacinto (3.900 – 2.500 a.C.), Barlovento (1.550 a.C.,)) y Canapote
(1.940 a.C,) en Colombia; Rancho Peludo (1860 a.C.), Barrancas (900
– 500 a.C.) en Venezuela; Mina (3.120 a.C.) en Brasil; Las Haldas
(2.820 a.C.), Guañape (2.350 a.C.) y Waira-jirca (1.850 a.C.)
en Perú; Monagrillo (2.140 a.C.) en Panamá; Bahía
de Puerto Márquez (2.440 a.C.) y Purrón (2.275) en
México; Stalling (2.550 a.C) en Estados Unidos.
Pero un sitio, hasta ahora el más antiguo, ofreció
edades que oscilan entre los 5.000 a 4.000 a.C. Corresponde al sambaquí
de Taperinha, ubicado en la costa del Atlántico norte de
Brasil. Se trata de una gran acumulación de valvas de moluscos,
productos de desechos de alimentación que demuestran el lugar
donde los indígenas habitaban e inclusive enterraban a sus
muertos. La dibujos de las vasijas mostrarían tres motivos
principales: una zona de incisiones paralelas curvas, incisiones
de doble línea ampliamente separadas y una incisión
ancha con proyecciones pequeñas a lo largo de la cara interior.
Otros sitios con alfarería temprana son los ubicados en la
boca del río Amazonas, sobre la porción oriental de
la isla Marajó, correspondientes al complejo alfarero Ananatuba
(1.400 a.C.).
En líneas generales las técnicas de decoración
diagnósticas en estos complejos alfareros iniciales americanos
son plásticas, que de acuerdo al criterio sustentado por
la Dra. Betty J. Meggers se pueden identificar 14 motivos, cuya
existencia en otros complejos tempranos favorecería su origen
por difusión en vez de invención independiente, tales
como: círculo con punteado central, hecho por inciso, exciso,
estampado o modelado; incisión con terminación expandida,
triangular o circular; incisión ancha con un margen "plumado";
cruz equilátera; faja de incisiones finas verticales en la
superficie o dentro de un canal, limitada o no por incisiones horizontales;
punteado arrastrado múltiple o impreso por cuerdas; impresión
hecha con el dedo;
pequeñas zonas excisas; áreas de achurado ancho cruzado;
áreas con incisiones anchas paralelas;
punteado en zonas; inciso doble línea, típicamente
hecho con un instrumento de dos puntos; adornos biomorfos pequeños;
asas pequeñas verticales al lado del borde.
En Argentina el fechado más antiguo proviene de la zona
de Palo Blanco, sitio cercano a La Plata, provincia de Buenos Aires.
Se Trata de un cordón de valvas de moluscos paralelo al Río
de La Plata que está relacionado con la ingresión
marina platense. Es decir que esta depositación de moluscos
no fue producto de la ingesta indígena sino de la acumulación
de la marea. La particularidad radica en que dentro de la típica
estratificación natural de la conchilla se localizan restos
cerámicos con sus bordes rodados, producto de la redepositación
al haber estado en el mar; indicativo que la elaboración
de la alfarería por el hombre fue anterior a la acumulación
de las valvas.
Los fechados obtenidos oscilan entre 2.800 a 1.800 a.C., aunque
esta datación fue muy discutida y a la luz de recientes investigaciones
sobre la temprana ocupación bonaerense la tornan más
verosímil.
En el noroeste argentino las manifestaciones alfareras más
tempranas se vinculan con modelos culturales andinos. Los asentamientos
aldeanos muestran vinculaciones con tempranas tradiciones peruanas
o de la floresta tropical. Las principales manifestaciones culturales
se adscriben a las modalidades San Francisco (620 a.C.), Las Cuevas
(535 a.C.) y Saujil (480 a.C.).
En el noreste argentino, una de las fechas más antiguas
de grupos alfareros proviene de la región de Salto grande,
provincia de Entre Ríos, con edades aproximadas a los 400
a.C.
3.- La cerámica bonaerense
Dentro de la provincia de Buenos Aires se diferencian a grandes
rasgos tres regiones donde irrumpen en época prehispánica
modalidades alfareras de diverso origen, asignables al Holoceno
tardío.
Una ubicada en el Delta del Paraná, otra sobre la ribera
del Plata y lagunas del centro bonaerense y la restante en el sur
de nuestro territorio, pero con manifestaciones culturales algunas
de las cuales no son excluyentes. Para comprender la diversidad
de modalidades alfareras, es necesario tener en cuenta que la demarcación
aquí realizada no es neta, más bien presenta fronteras
difusas por situaciones de contacto cultural y sólo tienen
un sentido didáctico. Hace más de medio siglo, Fernando
Márquez Miranda postulaba que en toda la cuenca del Salado,
la región de las lagunas centrales bonaerenses incluyendo
el Delta, "... existe una invariable característica
tipológica en la técnica de fabricación de
la cerámica y una verdadera ‘unidad de escuela’ dentro de
una gran variedad de motivos ornamentales".
Los momentos más tempranos de producción de esta
nueva modalidad aborigen artesanal, corresponderían a vasijas
de contorno simple, tanto sean platos, escudillas u ollas sin asas,
cronológicamente asignables a algunos años antes de
los inicios de nuestra era, pero difiriendo en cuanto a los motivos
decorativos incisos. Todos los diseños son geométricos,
no se hallaron representaciones humanas o zoomorfas, y en líneas
generales obedecen al complejo alfarero temprano americano.
La denominación de plato, indica una vasija plana que su
alto es menor a 1/3 de su diámetro máximo. Una escudilla
o puco es una vasija que posee el alto de la pieza mayor o igual
a 1/3 del diámetro máximo y menor de ½ del diámetro
máximo. En cambio una olla, es una vasija honda, que tiene
el alto mayor o igual a 1/2 del diámetro máximo.
En torno a la alfarería temprana bonaerense la reconstrucción
de las formas, en base a los fragmentos rescatados mediante excavaciones
arqueológicas, ha permitido inferir que las bases eran preferentemente
redondeadas y las dimensiones de las vasijas son indicativas del
uso comunitario de las piezas, de unos 40 cm de ancho por 20 cm.
de alto aproximadamente. Las formas curvas de las bases son adaptables
la superficie del ambiente natural, caracterizado por altos pastizales
que dominaban hasta la línea del horizonte. (Figura
1)
En la reconstrucción de numerosas vasijas se pudo observar
agujeros de suspensión, que pueden haber sido utilizados
para el traslado del objeto conteniendo agua, alimentos o inclusive
brazas de un campamento a otro. Los agujeros se ubican de a pares,
cercanos a la boca de la vasija y servirían para suspenderlas
mediante cintas de cueros (tientos) o fibras vegetales.
Pero, ¿cómo elaboraban las vasijas?.
Cabe destacar en primer lugar que el término arcilla utilizado
en este trabajo, no implica un tamaño predominante de las
partículas que conforman el material básico para elaborar
las vasijas, sino que ha sido elegido en relación a su aptitud
para la manufactura alfarera.
A través de los tiestos se puede "leer" que los
aborígenes poseían una gran maestría para realizar
las vasijas, dado que la búsqueda de la materia prima nos
indica que seleccionaban la mejor. Para tal fin, por ejemplo en
la costa del río de la Plata, la mejor arcilla se obtiene
en momentos de seca cuando las lagunas o causes de arroyos quedan
sin agua. Debajo de la resaca, a unos 30 cm de profundidad ya se
localiza arcilla, que por su plasticidad la torna apta para la manufactura
alfarera sin necesidad de adicionar antiplásticos; esta arcilla
es muy resistente a los cambios de temperatura. En otros sectores
bonaerenses en cambio se deben agregar antiplásticos para
lograr mayor consistencia la pasta.
El antiplástico es una partícula dura que necesita
la arcilla para hacerla más fuerte y soportar los cambios
de temperatura y el secado de la pieza, debido a que en la mayoría
de las moléculas de arcillas se encuentra gran cantidad de
agua que una vez perdida, la vasija puede tender a deformarse o
rajarse. Entre los antiplásticos más comunes utilizados
se destaca la arena, muy difundida en la provincia de Buenos Aires,
también el tiesto molido (alfarería rota y triturada),
conchilla y ceniza. El antiplástico, de ser necesario, se
agrega de acuerdo a la calidad de la arcilla y a la porción
de la vasija que se está levantando. Una misma pieza puede
contener antiplástico en la base o porción inferior
del cuerpo para fortalecerla y no así en el resto de la vasija.
Las piezas se iniciaban a través de una porción de
arcilla, la que no excedía el tamaño del hueco de
la mano cerrada. Una vez extraídas las burbujas de aire -
mezclando en el amasado la arcilla para lograr su compactación
y liberar las burbujas –, cuando la pasta no se pega en la mano,
se aplana un sector del bollo. A continuación se presiona
en el centro, del sector plano, con el pulgar lográndose
una concavidad desde donde se comienza a dar movimientos circulares
con ambas manos tendiente a dejar un espesor parejo. En toda esta
actividad una mano es la herramienta y la otra sirve de apoyo.
Para lograr una olla, una vez obtenida la base en forma de escudilla
levantada por pellizco a partir del bollo, hay que dejar que pierda
en parte la humedad sin que se deforme. Logrado esto, se raspa sólo
el borde y se humedece para adicionar sucesivamente cintas o rodetes,
de similar espesor a la base, que se van uniendo y alisando tanto
externa como internamente hasta dar con la forma deseada. Luego
se deja secar boca abajo hasta que obtenga el estado de cuero, es
decir no seca del todo. Se termina su alisado interno y externo,
con caracoles, piedras, huesos, etc. Tanto el alisado de las paredes
como el bruñido, a través del trabajo mecánico,
cumplen la función de reacomodo final de las partículas
de arcilla e impermeabilización de la vasija, satisfaciendo
además a la vista y al tacto.
En cuanto a la obtención del color para pintar la vasija,
difiere de acuerdo al lugar de procedencia. En la zona de las sierras
bonaerenses existen estratos sedimentarios de arcillitas ferruginosas
de intenso color rojizo, de donde se obtuvo el color rojo. En cambio
idéntica coloración se obtiene en sitios ribereños
del Plata a través de filamentos incorporados en las arcillas
de estratos inferiores. Estos filamentos son rizoconcreciones de
hierro, producto de la bioturbación producidas por raíces
de plantas acuáticas que dan por resultado concreciones amarillentas
que, extraídas y diluidas en agua, se aplican sobre la superficie
de las vasijas; son adheridas a través del bruñido
y una vez cocida la pieza el color amarillento aplicado se transforma
en rojo.
En cuanto a la decoración plástica, cuando la pasta
aún estaba fresca y alisada, el indígena imprimía
incisiones generalmente sobre el reborde superior de la cara externa
de las vasijas y luego continuaba en los sectores libres con el
bruñido; estos diseños geométricos obedecían
a determinadas modalidades decorativas. De acuerdo a los registros
arqueológicos, la proporción de la cerámica
decorada es muy inferior en relación a la que no ofrece diseños
incisos o pintados.
Una actitud natural del indígena bonaerense fue registrar
en lo que producía, imágenes de su entorno y en el
caso de la alfarería es lícito observar tanto en la
morfología de la vasija como en su iconografía, la
enfatización de la dominante horizontal. Esta percepción
es la que está registrada en las formas y la decoración;
la naturaleza brindó al indígena las pautas para desarrollar
sus diseños no sólo en la alfarería sino también
en la textilería. El desarrollo horizontal de los motivos
y sus infinitos ritmos de repetición obedecen a las pautas
anteriormente señaladas que conforman bandas.
Cuando se ejecuta el diseño, hay una estrecha relación
entre los dedos que sostiene el instrumento y los que soportan la
pared de la vasija. La presión ejercida en la superficie
donde se está desarrollando la decoración, es controlada
desde la otra cara con los dedos de la mano opuesta.
Para el desarrollo de la mayoría de los motivos, se delimitaban
sectores desde la base de la vasija hasta la boca trazándose
líneas auxiliares que dividían a la vasija en sucesivas
mitades. De esta manera se generaban espacios gráficos modulados
en los que el artesano desarrolla el motivo, manteniendo el módulo
sin alteraciones formales. Así, al concluir el diseño,
no se puede observar el lugar del inicio o terminación. El
espacio se encuentra dividido, en la mayoría de las vasijas
de a pares y excepcionalmente impares. La planificación previa
del diseño denota una actitud y las líneas de continente
son líneas de partición.
Los diseños, tanto plásticos como pintados, fueron
colocados de manera intencional en la porción superior de
las vasijas, a escasos centímetros de la boca y sobre la
superficie externa (excepcionalmente sobre la interna).
Una vez seca la pieza se procedía a su cocción a
cielo abierto. El primer paso era alinear las vasijas rodeando el
fogón (pozo de 1 m. de diámetro por 0,60 m. de profundidad,
estimativamente, aprovechando el lugar donde habitualmente habían
cocinado los alimentos), con las bocas orientadas hacia el viento
y a una distancia aproximada del fuego de un metro. La vasija en
sí misma oficiaba de cámara de temple, debiendo permanecer
cerca del fuego unas 5 horas para ir adquiriendo gradualmente temperatura
e ir liberando la humedad y en cuyo transcurso se la va acercando
lentamente a la fuente de calor. Ya contactadas con las brazas,
se las cubre totalmente agregando leña fina para aumentar
la temperatura. Cuando la vasija adquiere el color de la braza,
es indicativo que está cocida independiente de la variedad
de arcilla utilizada. Una vez que adquieren el color rojo braza,
se las extrae colocándolas sobre cenizas hasta que lentamente
se enfríen.
Innumerables investigaciones basadas en la arqueología experimental,
en las que contemplamos todo el proceso de elaboración de
las vasijas respetando formas, diseños y técnicas
aborígenes, incluyendo la obtención de arcillas del
lugar como así también la leña para la cocción,
así lo certifican.
Dentro de las modalidades decorativas más tempranas en el
Delta del Paraná se distinguen la Ibicueña y la Lechiguanas,
y sobre la ribera del Plata la denominada Palo Blanco.
La cerámica Ibicueña, se caracteriza por presentar
las superficies alisadas pero ásperas al tacto, producto
mayoritariamente de la abundante arena usada como antiplástico
y con un espesor de paredes que oscilan entre los 3 y 18 mm. En
base a la modalidad decorativa se diferencia la Ibicueña
incisa de la Ibicueña punteada.
Los diseños decorativos de la Ibicueña incisa están
realizados mediante un trazo continuo de aprox. 1 mm. de espesor,
conformando motivos lineales, quebrados o ligeramente ondulados,
y almenados paralelos que difícilmente superan los 2 cm.
de ancho. (Figura
2)
En cambio la Ibicueña punteada está compuesta por
pequeños trazos quebrados rítmicos (no surco rítmico),
también lineales o almenados paralelos, ejecutados con instrumentos
de variadas puntas. (Figura
3)
A Lechiguanas le corresponde antiplástico de tiestos molidos,
de superficie bien alisada y espesor de paredes que varía
entre 2 a 15 mm. La decoración practicada también
sobre la superficie externa de la vasija, puede consistir en pintura
roja pulida (en algunos caso bruñida) y/o incisiones. Los
elementos básicos que conforman los motivos incisos son las
líneas rectas, onduladas o zigzag; almenado (hilera de peldaños
cuyos ángulos internos pueden ser rectos, agudos u obtusos),
y escalonado. En cuanto al colorante rojo, éste puede ser
aplicado sobre una o ambas caras de la vasija, en cambio la incisión
siempre se ejecutó sobre la superficie externa conformando
diseños geométricos cuyo trazo varía entre
los 0,5 y 4 mm. de ancho y hasta 1,5 mm. de profundidad. La ejecución
de los trazos incisos comprende línea llena continua, quebrado
rítmico, punteado y surco rítmico. (Figuras
4 y 5;
sitio: Cañada Honda; Figuras
6, 7,
8, 9
y 10;
sitio: islas Lechiguanas. Ambo sitios están ubicados a más
de 50 km. de distancia, sin embargo idénticos motivos incisos
son indicativos de una misma modalidad en el diseño de las
guardas)
Para obtener la línea llena se introduce un elemento punzante
en la superficie de la vasija una vez alisada, se arrastra a una
presión constante y no se eleva hasta terminar el empuje.
A diferencia del surco rítmico o punteado arrastrado, en
que el elemento punzante es elevado a intervalos regulares, arrastrando
la pasta brevemente para introducirlo nuevamente y repetir la operación.
Esta primitivas manifestaciones alfareras presentan un piso cronológico
en el Delta del Paraná ubicado entre el 600 y el 800 a.C.
y sobre la ribera del Plata entre los 250 y 550 d.C.
Por último, Palo Blanco presenta similares características
de pasta y espesor de las paredes a la Ibicueña, aunque de
superficies bien alisadas. El reborde de la boca de la vasija puede
presentar incisiones transversales que, vista de perfil, semeja
un dentado. Difieren los diseños decorativos que consisten
en simples líneas continuas paralelas o perpendiculares entre
paralelas, o por trazado mediante surco rítmico. (Figura
11) Estos simples trazos decorativos pueden estar asociados
a pintura roja circunscripta al reborde superior de las vasijas.
Palo Blanco, además de adscribirse al componente cultural
más antiguo, presenta también la particularidad de
sumar a las formas anteriormente mencionadas, la presencia de cerámica
tubular de uso incierto.
Hacia el centro oeste y sur bonaerense las vasijas son de contorno
globular, las superficies están bien alisadas, el espesor
de las paredes oscilan entre los 3 y 8 mm. y en algunos fragmentos
se destaca la inclusión de tiestos molidos como antiplástico.
Presentan en la superficie externa motivos decorativos registrados
sobre una estructura radial, indicativos de una planificación
previa para el desarrollo del diseño a través de espacios
predeterminados. Los motivos son semicírculos combinados
con líneas incisas paralelas e inciso por arrastre mediante
un instrumento fabricado en base a hueso para ser utilizado como
sello. El estampado era realizado sobre la cara externa cuando la
pasta estaba blanda, destacándose sobre la cara interna la
presión ejercida por el sello. (Figuras
12 y 13)
Entre otros atributos observados se puede mencionar la incisión,
cuyos diseños geométricos ofrecen en amplia mayoría
líneas rectas, curvas, puntos; triángulos, cuadrados
y rectángulos rellenos de líneas punteadas en su interior.
Los motivos combinan zigzag con línea continua, líneas
verticales y horizontales. Los diseños se ejecutan sobre
la cara externa y pueden estar asociados a pintura roja; excepcionalmente
pintura roja sobre cara interna. Los fechados radiocarbónicos
oscilan entre los 200 a.C. y 750 d.C.
En momentos cercanos a los 500 d.C. se operan sobre la ribera norte
del Plata (incluyendo las márgenes del Paraná medio
e inferior y Uruguay), transformaciones endogeneradas que confluyen
en la denominada modalidad alfarera de los Ribereños Plásticos.
(Figura 14)
Se caracteriza por presentar sobre las variedades de formas anteriormente
apuntadas, apéndices modelados que en su mayoría representan
cabezas de loros o bien simples siluetas recortadas de pájaros;
altamente funcionales y son una parte fundante de la pieza. (Figura
15) La decoración sigue siendo por surco rítmico
y entre las nuevas formas alfareras se aprecian las campanuliformes,
de uso incierto. (Figuras
16 y 17)
En cuanto a la pintura, crema blancuzca o roja, puede estar aplicada
sobre la cara externa, asociada a incisión o en vasijas no
restringidas sobre la cara interna. Es común que el interior
de los platos presenten bandas paralelas y concéntricas de
pintura roja de no más de 5 cm. de ancho, motivos en zigzag
o figuras triangulares. (Figura
18)
Dentro de los Ribereños Plásticos se pueden diferenciar
dos fases.
Una, Las Mulas, que está caracterizada por presentar apéndices
macizos cuyos fechados radiocarbónicos arrojaron edades que
la ubican entre los 530 + 80 d.C. y los 860 + 80 d.C obtenidos en
sitios del Delta del Paraná. La fase restante, Malabrigo,
está adscripta a sitios ubicados en el Paraná medio
y sus componentes presentan la particularidad de ofrecer mayor popularidad
de apéndices huecos; con fechados que oscilan entre los 1.110
+ 115 y 1.565 + 145 d.C. La posición espacial de los yacimientos
arqueológicos investigados que abarcan desde el Paraná
inferior (sur de las provincias de Entre Ríos y Santa Fé
y norte de la provincia de Buenos Aires) y el Paraná medio
(bajos ribereños de la provincia de Chaco y norte de la provincia
de Santa Fé) y la cronología estimada en base a los
fechados radiocarbónicos y estratigrafía de los sitios
investigados, permiten plantear el interrogante sobre el origen
de los Ribereños Plásticos en el Delta del Paraná
desde donde se habrían difundido aguas arriba e incluso por
ambas márgenes del río Uruguay, por lo menos unos
1.000 años antes de la colonización española.
Ribereños Plásticos presenta entre sus componentes,
el antiplástico de tiestos molidos de hasta 3mm de espesor
y partículas orgánicas. El espesor de las paredes
de las vasijas alcanza hasta los 3 cm.
Sobre la ribera del Plata, lagunas interiores y sur del litoral
bonaerense, con una cronología posterior a la de Palo Blanco,
es común localizar una modalidad de diseños decorativos
reconocidos bajo la denominación de Punta Indio. (Figura
19) Se trata de similares formas de ollas, escudillas o platos
de contorno simple con decoración incisa sobre la cara externa
que puede estar asociada a pintura roja o blanca en ambas caras.
Sobre la pintura se imprimió un fuerte pulido y algunos labios
presentan incisiones.
Las incisiones consisten en líneas rectas, onduladas, puntuaciones
verticales y escasas horizontales; líneas rectas formando
triángulos rellenos de puntuaciones. Guardas oblicuas formadas
por líneas rectas no segmentadas; guardas de combinaciones
de líneas onduladas, de líneas quebradas, formando
campos rellenos de líneas fragmentadas verticales y oblicuas;
guardas con relleno de segmentos punteados realizadas con espátula
multidentada. (Figuras
20, 21,
22 y
23; Punta
Indio, sitio: laguna de Lobos)
En momentos más tardíos, unos 200 años antes
de la conquista y colonización española, formas y
motivos decorativos adscriptos a la Cultura Guaraní, que
provienen de la floresta tropical, marcan la última manifestación
alfarera prehispánica en el área del Plata. El único
fechado radiocarbónico para esta región proviene de
la isla Martín García, con una edad de 1.545 + 35
d.C.
La formas, donde predominan los contornos complejos, alcanzan grandes
dimensiones aunque no como las localizadas en territorio misionero.
Observando las vasijas en un plano vertical, se diferencian dos
clases: restringidas y no restringidas y dentro de las primeras
puede haber con cuello. El contorno de la boca puede ser circular,
cuadrangular, rectangular, elíptica u ovoide. (Figura
24)
La decoración plástica presenta diversas modalidades,
a saber: a) corrugada, donde la unión de rodetes se realiza
con la yema de los dedos. La impresión que ejercen los dedos
sobre la superficie aún fresca de la pasta, deja la marca
a través de movimientos rítmicos, que empujan porciones
de la pasta disponiéndola en filas continuas y creando de
esta manera una superficie arrugada; b) unguiculada, impronta de
uñas, las que apretadas sobre la superficie de la pasta deja
marcas semilunares, de modo regular o esparcido; c) escobada, impronta
de marlo de maíz o incisiones con elemento de múltiples
puntas que es deslizado por la superficie de la vasija aún
fresca, dejando surcos de bajo relieve que guardan entre si un relativo
paralelismo; d) rodetada, la superficie de la vasija presenta evidencias
de los rodetes superpuestos en su confección y que fueron
unidos sólo por la superficie interna de la vasija, quedando
la externa sin alisar (algunos arqueólogos denominan acordelado).
(Figura 25)
Estas superficies plásticas, con texturas muy pronunciadas,
posiblemente hayan sido originadas para evitar el deslizamiento
de las vasijas al ser transportadas.
Otra modalidad decorativa es a través de la aplicación
de pintura bi o tricolor (blanco, rojo y negro), con una rica variedad
de diseños geométricos muy abigarrados de tipo lineal,
tendiendo siempre a ocupar espacios y librando los motivos a la
imaginación de cada artesano.
La decoración pintada se aplicaba en las ollas o urnas generalmente
sobre la superficie externa, a partir del diámetro máximo
de la vasija hacia la boca; habitualmente la decoración puede
contener un solo motivo o ser múltiple dispuestos en bandas
horizontales correspondientes a los sectores comprendidos entre
los ángulos de inflexión de la pieza.
Los patrones decorativos pintados, dispuestos en bandas o sobre
toda la superficie, están compuestos de líneas (recta,
onduladas, verticales u oblicuas) aisladas o en asociación;
composiciones de líneas curvas, de líneas rectas y
curvas y asociaciones de líneas de variado diseño.
(Figuras
26 y 27),
patrones decorativos compuestos con líneas rectas; figura
28, líneas curvas y figura
29, líneas rectas y curvas)
La asociación de colores puede ser blanco sobre rojo, rojo
sobre blanco, negro sobre blanco, negro sobre rojo y negro sobre
blanco, y blanco y rojo sobre negro.
Una vez que se superponen los colores - en capas gruesas y debidamente
asentados entre la aplicación de unos y otros -, cuando la
pieza está en estado cuero, recién se bruñe.
En las vasijas de más de un color, se procede colocando el
color base y se bruñe. Luego cuando se pinta el diseño,
línea a línea con él o los colores, se bruñe
o golpetea, a medida que se aplica, para adherir el pigmento; operación
que se realiza hasta que el engobe o pintura adquiera la apariencia
mate. Otra variable es el esgrafiado, que consiste en raspar con
un elemento de punta lisa ejerciendo sobre la superficie diferentes
presiones, posibilitando la aparición del color ubicado en
la capa inmediatamente inferior; luego se bruñe.
La asociación entre diversos tipos de decoración
plástica y pintada resultan de múltiples combinaciones
y pueden ser observadas en la misma vasija. De todas maneras, el
seguro indicador de presencia Guaraní es la cerámica
pintada.
En diversos sectores del territorio bonaerense se destaca ya para
momentos poshispánicos, modalidades alfareras cuyos motivos
decorativos se adscribirían a la cultura Araucana o Mapuche,
cuyo análisis exceden esta reseña.
De tal manera que, para el momento de la penetración española,
el actual territorio bonaerense estaba ocupado por diversas modalidades
alfareras. Sobre las riberas del Plata y lagunas adyacentes, por
manifestaciones Guaraníes que compartían también
con otras manifestaciones de grupos ceramistas cuyas denominaciones
ignoramos, aunque subsiste el interrogante sobre la utilización
de cerámica por parte de los Querandíes. También
tierra adentro, aborígenes pampeanos contaban como atributos
culturales la utilización de la alfarería. Los primeros
se superpusieron a los grupos alfareros ribereños y los segundos
al sustrato de culturas cazadoras pampeanas. Crónicas de
naturalistas y viajeros aportaron datos sobre sus diversas actividades
y manifestaciones culturales, aunque restan importancia a la utilización
de la alfarería. La incorporación del caballo a en
el siglo XVII, permitió ampliar considerablemente las posibilidades
de contactos e intercambios, como así también la implantación
de reducciones indígenas en territorio bonaerense no sólo
de indígenas pampeanos sino de otras latitudes.
Nuevos impulsos en las investigaciones arqueológicas en
el ámbito bonaerense, habrán de aportar mayores datos
sobre la síntesis aquí presentada y permitirán
abordar interpretaciones en torno al origen de las modalidades alfareras
y por sobre toda a las iconografías sustentadas .
4.- Agradecimientos
A la Lic. Gabriela Rosana Poncio, Técnica Profesional Principal
de la Carrera de Personal de Apoyo a la Investigación de
la Comisión de Investigaciones Científicas de la Provincia
de Buenos Aires (CIC); a la Dra. Adriana M. Blasi, Investigador
Adjunto de la Comisión de Investigaciones Científicas
de la Provincia de Buenos Aires (CIC).
5.- Bibliografía
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Figura 1
Las más antiguas formas de vasijas bonaerenses. Reconstrucción
de las principales formas de vasijas en base a fragmentos de alfarería.
Figura 2
Fragmentos, decoración Ibicueña incisa.
Figura 3
Fragmentos, decoración Ibicueña punteada.
Figura 4 y 5
Reconstrucción motivos decorativos Lechiguanas, sitio Cañada
Honda.
Figura 6, 7, 8, 9 y 10
Reconstrucción motivos decorativos Lechiguanas, sitio isla
Lechiguanas.
Figura 11
Fragmentos, decoración Palo Blanco.
Figura 12
Fragmentos, decoración centro oeste y sur bonaerense.
Figura 13
Reconstrucción motivos decorativos del centro oeste y sur
bonaerense. a, b, c: La Horqueta; d: Paso Otero; e: Zanjón
Seco; f: Trenque Lauquen.
Figura 14
Formas de vasijas Ribereños Plásticos.
Figura 15
Fragmentos de vasijas decoración surco rítmico, apéndices
escultóricos y siluetas recortadas. Ribereños Plásticos.
Figura 16 y 17
Ribereños Plásticos. Estas piezas no fueron halladas
en territorio bonaerense, pero son representativas de la variedad
campanuliforme.
Figura 18
Reconstrucción motivo pintado, Ribereños Plásticos.
Figura 19
Fragmentos decoración Punta Indio, sitio Punta Indio.
Figura 20, 21, 22 y 23
Reconstrucción motivos decorativos Punta Indio, sitio laguna
de Lobos.
Figura 24
Reconstrucción de las principales formas Guaraní.
Figura 25
Decoración plástica Guaraní. a) corrugado,
b) unguiculada, c) escobada y d) rodetada.
Figura 26 y 27
Decoración pintada Guaraní. Patrones decorativos
compuesto por líneas rectas.
Figura 28
Decoración pintada Guaraní. Patrones decorativos
compuesto por líneas curvas.
Figura 29
Decoración pintada Guaraní. Patrones decorativos
compuesto por líneas rectas y curvas.
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