Diario de Navegación- 1531
Entrada de Pero Lopes de Souza en el Rìo de
la Plata hasta el delta del Paraná
...El agua ya era aquí dulce, pero el mar tan grande que
no podía convencerme de que fuese río. Había
en tierra muchos venados, y caza, que cogíamos, y huevos
de avestruz , y avestuces pichones muy sabrosos; en tierra hay mucha
miel, y muy buena, y encontrábamos tanta, que la dejábamos;
hay cardos que son muy buenos como alimento y la gente se holgaba
en comerlos. Y como nos pareció a todos que podíamos
mantenernos, determiné seguir adelante, y el viento estaba
del sudeste, y el tiempo bueno, y de noche había luna. Salí
a las dos de la tarde, con intención de navegar toda la noche;
iba siguiendo la costa, con fondo de seis brazas de arena limpia.
Estando a dos leguas de donde partiera, salieron de la costa, hacia
nosotros, cuatro almadías con mucha gente; viéndolas,
me puse a la cuerda con el bergantín para esperarlos; remaban
tan ligero que parecían volar. Pronto estuvieron todos conmigo;
traían arcos y flechas y azagayas de palo quemado, y ellos
con muchos penachos, pintados de mil colores, y se acercaron en
seguida, sin mostrar miedo, por el contrario con mucho placer, abrazándonos
a todos: no comprendíamos su idioma, ni era como el de Brasil;
hablaban de papo como los moros; las armadías eran de diez
y doce brazas de largo y media braza de ancho, de madera de cedro
muy bien labradas; remaban con unas palas muy largas, en el cabo
de las palas tenían penachos y borlas de plumas. En cada
armadía, remaban cuarenta hombres, todos de pie, y como se
venía la noche, no pude ir a sus tiendas, que se veían
en una playa, enfrente, y parecían otras muchas armadías
varadas en tierra; y ellos me hacían señas de que
fuese allí, que me darían mucha caza y cuando vieron
que no quería ir, mandaron unas armadías para traer
pescado, y lo hicieron con tanta rapidez, que todos quedamos sorprendidos;
nos dieron mucho pescado, y yo les hice dar muchos cascabeles y
cristales y cuentas y quedaron tan contentos, mostrando tanto placer,
que parecían fuera de juicio, y con esto me despedí
de ellos.
Lunes, dos días de diciembre, ya entrada la mañana,
mandé remar río arriba, y eran tantas las bocas de
los ríos, que no sabía por dónde estaba, sino
que navegaba aguas arriba, y seme hizo noche frente a dos islas
pequeñas, donde fondeamos. Sopló toda la noche mucho
viento noroeste.
Martes, 3 de diciembre, había tanta correntada que no podíamos
avanzar a remo. Por la tarde, sopló mucho viento sudoeste
y lo aprovechamos para seguir río arriba [Por el Paraná
Guazú, y sus brazos y no por el Uruguay, como quiere Varnhagen.(Nota
de Eugenio de Castro, autor del comentario al Diario de navegacao
de Pero Lópes de Souza, Río de Janeiro, 1927.)], me
encontraba con un brazo que iba al norte, y otro que iba hacia el
oeste y no sabía por dónde seguir. Ya aquí,
empezaba a encontrar islas con muchas arboledas y fresnos, y otros
árboles muy hermosos, muchas plantas y flores como las de
Portugal, y eran tantas las aves, que las matábamos con palos.
Las islas aquí ya no son anegadizas y el suelo es muy hermoso.
Miércoles, 4 de diciembre, navegando a vela, río
arriba, por un brazo que corría al noroeste, vine a dar en
otro que corría al nordeste, muy ancho, tenía en la
boca dos islas pequeñas [Las dos islas llamadas después
por Pero Lópes, "de los Cuervos"; deben ser las
actuales "Dorado" y "Doradito", en el Paraná
Guazú. (Nota se E. de C..)] , ambas muy boscosas. Aquí
encontré muchos cuervos marinos, y maté algunos con
la ballesta; y fui por el dicho brazo [Por el brazo del Paraná
Bravo.(Nota de E. de C.)], antes de media legua; anocheció
y fondeamos junto a una arboleda, donde pasamos la noche.
Jueves, 5 de diciembre, yendo por el dicho brazo arriba, encontré
muchas señales de que había gente; hacían humo
en las islas; la tierra, en la banda sureste, donde era firme, me
pareció lo más hermoso que pudiera verse; llena de
flores y la hierba tan alta como un hombre.
Sábado, 7 de diciembre, nos sopló el viento al sudoeste
con mucha fuerza. Fuimos con poca vela, remontando el dicho brazo,
porque hacia el nordeste iban los humos que se alejaban por río
arriba. Y habiendo andado tres leguas, me anocheció en el
sitio donde los hacían, y bajé a tierra, pero no hallé
rastros de gente, sino de muchos animales. De noche nos dio mucha
alarma un onza, y creyendo que era gente, bajé a tierra con
toda la tripulación armada.
Martes, 10 de diciembre, remonté el brazo que iba al noroeste
[Por el Paraná Guazú, pasando al norte de la isla
Botija(E. de C.)] y habiendo andado cuatro leguas arriba fui a dar
a un río de tres leguas que iba al oeste, y fui a dormir
a la banda sur debajo de unos fresnos. Por la noche matamos cuatro
venados, los mayores que hasta entonces había visto.
Miércoles, 11 de diciembre, fui por el río arriba
con buen viento, vi un brazo pequeño que iba al noroeste
y entré en él;
En este río hay unos animales como raposas que andan siempre
en el agua, y matamos muchos; tienen un sabor como el cabrito. Remontándole
brazo vi que se estrechaba y me volví al brazo grande y en
mitad de el descubrí otro brazo que iba en dirección
sudoeste y anduve en él una legua y di en otro río
muy grande que iba al noroeste. La tierra de la banda del sudoeste
era alta y parecía ser firme y en la misma banda del sudoeste
hallé un desaguadero que en la boca medía dos brazas
de ancho y una de fondo y según la información de
los indios era tierra se los Carindins[Esta tierra de los Carindins
(Quirandis o Quirandies) debería estar bañada por
las aguas del Paraná y Paranaguazú; pero la que conoció
Pero López sería la que en tierra argentina está
limitada por San Pedro, brazo del Paraná Pavón, Ibicuy
y Baradero, con el respectivo arroyo.]. Mandé hacer humaredas
para ver si acudía gente, y en el interior, muy lejos, me
respondieron también con humaredas.
Viernes, 12 de diciembre, en la boca de este desaguadero de los
Carindins puse dos padrones, con las armas del Rey Nuestro Señor,
y tomé posesión de la tierra para volverme de ahí
porque vi que no podía comunicarme con la gente de tierra,
y hacía mucho que había dejado a Martín Alfonso,
en el ,lugar donde estaba, y yo quedé en volver a los veinte
días; y de este desaguadero al río de los Beguaois
[Actual Río de Solís Grande.(Nota de E. de C.)] adonde
partí, tenía que andar ciento cinco leguas. Aquí
tomé altura del sol en 33 grados y 3 cuartos. Esta tierra
de los Carindins, es alta a lo largo de la costa y en el interior
llana, cubierta de pastos altos que ocultan un hombre; hay mucha
caza en ella, de venados y avestruces y codornices; es la tierra
más hermosa y agradable que pueda imaginarse. Yo traía
conmigo alemanes e italianos, y hombres que estuvieron en la India,
y franceses y todos se mostraban sorprendidos de la hermosura de
esta tierra y andábamos todos suspensos, que no pensábamos
en volver.
Pero Lopes de Souza
(Diario de navegaçao, Río de Janeiro, 1927. Texto
traducido por José Luis Busaniche)
Pero Lopes de Souza: Navegante portugués de principios del
siglo XVI; hermano de Martín Alfonso de Souza, también
navegante y descubridor de renombre, aludido por Camoens en Os Luciadas.
Llevó a cabo una intrusión en el río de la
Plata y anduvo por las islas del Delta del Paraná. Ha quedado
constancia de este viaje en el Diario de Navegacäo de Lopes
de Souza del que existe una excelente versión moderna brasileña,
realizada por Eugenia de Castro, con notas muy eruditas e ilustrativas.
Río de Janeiro, 1927, pág 27.
Texto extraído de "Estampas del Pasado" de José
Luis Busaniche .
Lecturas de Historia Argentina
Librería Hachette S.A.
Buenos Aires 1959
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