ARTE PUBLICO Y MURALISMO
Como dijera Blas Galindo (1): La acepción
mas extendida de arte publico es aquella que implica la imposición
de obras que sus destinatarios no han solicitado ni se reconocen
en ellas, y que tampoco satisfacen sus necesidades estéticas,
pero que en cambio han de costear - por la vía de presupuestos
controlados por el sector gubernamental – y (lo que es igual de
nefasto) han de padecer irremediablemente.
El muralismo mexicano ha tenido cuatro etapas:
la primera es la de la pintura nueva en los interiores de la
arquitectura vieja; la segunda, la de las pinturas al aire libre;
la tercera, la pintura integrada a conjuntos arquitectónicos con objeto de dinamizar
y significar espacios. La llamada cuarta etapa por el muralista
D. A. SIQUEIROS esta condensada por el artista en el POLIFORUN,
donde pintura, escultura, iluminación y sonido dan lugar
a espacios interiores - exteriores con significación urbana
plenamente pública.
En esta etapa no solo cuenta la propuesta
del equipo de trabajo, sino la réplica de un publico distinto al espectador pasivo
de galerías y museos. Toda esta evolución de las
etapas del muralismo mexicano apunta a dar a entender a la última
como la etapa superior que implica un cambio definitivo de nombre,
del muralismo al arte publico.
En lo referido al muralismo podríamos aclarar que no todo
lo pintado o realizado en un muro es mural, ni tampoco lo es una
pintura grandota. Un mural tiene características en su lenguaje
tan particulares y propias como lo tiene el lenguaje del grabado
o de la escultura. Un mural no necesariamente tiene que ser grande
sino debe ser monumental , su estructura interna
de composición debe sostener las formas y vincularlas con
el entorno. El mural como lo definiera Siqueriros es una película
quieta, esto se explica porque tiene un relato o guión y
porque su composición es poliangular .
El muralismo es un movimiento artístico puramente americamo
que surge en México a comienzos del 1900. Por sus características
exige un proceso de rupturas, transgresiones y tránsitos
para superar los limites impuestos por nociones artísticas
exaltadoras del genio y su inefable proceso creativo. Ronald Barthes,
define muy bien en su libro “Lo obvio y lo obtuso” al GRAFITTY
por su soporte, diciendo que el soporte del grafitti es la transgresión
y esto me ha llevado a pensar también la definición
del mural por su soporte, siendo el entorno social y la arquitectura
lo que lo define o determina.
Dentro de las expresiones plásticas de lo público
monumental podríamos hablar también de las gigantografias,
que a diferencia del mural son imágenes únicas, de
gran tamaño, cuadros grandes, con contenido social o no,
que no cuentan una historia. Pueden ser permanentes (pintura, bajorrelieve,
etc.) o efímeras (proyecciones sobre diferentes superficies,
edificios, monumentos). Podemos hablar también de muros
decorativos o con diferentes grafias, figurativas o abstractas.
Los grafittys, considerados murales equivocadamente tienen también
su lenguaje particular (códigos muchas veces entendidos
solamente por determinados núcleos sociales, o edades).
Lo importante es comprender que más allá de un compromiso
estético el arte publico lleva implícito un compromiso
social y que cada manifestación artística de esta índole
deja translucir una ideología, una filosofía, una
postura frente al supuesto espectador. Compromiso social que significa
tenerlo en cuenta como sujeto que busque dar sentido a su vida
y concrete mediante la participación, la definición
del tipo de espacio y organización social que lo contenga
sobre la base del bien común. La propuesta del arte publico
es replantear la construcción de un orden donde el espacio
social recupere su protagonismo, donde la calle sea un conector
entre lo público y lo privado y donde el espacio público
sea el condensador de la vida social, un elemento de encuentro
estructuralmente urbano. Incorporar el arte como constitutivo del
espacio urbano es replantear la importancia de la ciudad con el
medio ambiente, del habitante con su entorno y de la cultura como
expresión de una identidad social. No implica transformar
el espacio público tradicional sino generar un espacio urbano
alternativo que enriquezca la comunicación y la memoria
colectiva de los hombres que construyen una identidad.
Integrar el arte al espacio colectivo del
hombre urbano es permitirle el acceso social a las expresiones
del arte que lo reafirman como sujeto de la búsqueda de una mejor calidad de vida y reconocerlo
como responsable de la construcción y el cuidado de la ciudad
que lo contiene.
CRISTINA TERZAGHI
MURALISTA
Profesora Titular de la cátedra de
Dibujo de Facultad de Bellas Artes UNLP
Secretaria para la Argentina
de la ULMCAM
Union Latinoamericana de Muralistas y Creadores de
Arte Monumental
mail: terzaghi@mdht.com.ar
NOTAS:
(1) Galindo, Carlos Blas “ Arte publico” Unomasuno,
Mexico, 24 de diciembre de 1999.
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